Amarula en mano, sin pucho ya. Lo dejé. Ahora me atraco con otras cosas. Pensamientos, por ejemplo.

Y mejor largar... mejor dejarlos salir... mejor evitar exceso de pensamientos. De pensar boludeces, por sobre todo. De pensar, bah.

Mi Diario Intimamente Publico.

Sos testigo de mi raye. Si lo creés necesario, sugerime un psiquiatra, que no me ofendo. Vamos viendo.


sábado

Milena huele a café...

También existen finales felices….

Milena era una de esas chicas que en su adolescencia se lo pasan sumergidas en actividades del tipo porcelana en frío, tarjetería española, decoración de tortas, clases de baile que duran dos meses…
Si bien era de salir con amigas, no era de las que desaparecía de al lado del grupo para ser descubierta en “los reservados”, en brazos de un Romeo accidental.
Todo su círculo creía que sería parte de las solteras por elección, pero nadie sabía que si no estaba acompañada no era por falta de ganas, sino por elegante elección.
Ella sabía lo que valía, y veía que no había dado con la persona indicada, ésa que todas esperamos. La diferencia ente Milena y nosotras, era que ella estaba realmente segura, y con alegría era que esperaba. No se sumergía en la tristeza ni se entretenía con banalidades, sino que aguardaba a ser descubierta por la más jugosa de las pasiones.
Quizá fueron los aires tan distintos a los nuestros, el sol cálido del caribe, el clima a rumba y los colores mágicos que ornamentan el centro de nuestra América.
Alguien le dijo que sería en una escalinata, que lo vería allí, brillante y enceguecedor, con una sonrisa tan grande y tan blanca que la dejaría ciega para mirar más allá de su rostro redondo y sus ojos negros.
Tuvo que viajar cuatro mil kilómetros para descubrirlo, y volver a recorrerlos varias veces más, y el también debió abordar un avión de catorce horas varias veces para dormir entre sus brazos.
Y dejar sus tierras una y otra vez, y dejar sus amistades, familias, trabajos, costumbres, olores, raíces…. Pero el amor no sabe de lugares, de distancias, de edades… el amor no sabe de nada, y por esa ignorancia es que es tan mágico.
Ahora están juntos en la tierra de ella.
Decoran su lugar con cosas de los dos. El colorido de su caribe y el aroma de su café. Suena la música de su tierra y ella baila a su alrededor, sonriendo y tomándolo en sus manos, invitándolo a recorrer juntos el camino, ahora a la par, ahora cerca, ahora juntos.
Por que se esperaron, y se encontraron, y ya es hora de comenzar a recorrer el sendero de la dicha.

Ni mil mares, ni mil distancias…

4 comentarios:

Laura dijo...

Qué historia... parece de novela che! y me suena bastante... Te quiero!!!

P. Vargas dijo...

Rajado, pero si hay finales felices. Yo conozco un par de historias así, y aunque la vida pone obstáculos, siempre se pueden lograr grandes cambios, si queremos algo con el corazón.

Me alegra mucho verte de nuevo Carito, un enorme abrazo, nos seguimos leyendo!!

Ana María López dijo...

Hola =)

Me llamo Ana María y soy administradora de un directorio web/blog. Tengo que decir que me gustó mucho su página y le felicito por hacer un buen trabajo. Le cuento que me encuentro construyendo alianzas con webs amigas para así atraer más visitantes y poder hacer más conocida mi web. Por ello, me encantaría contar con tu sitio en mi directorio, consiguiendo que mis visitantes entren también en su web.

Si está de acuerdo. Hágamelo saber.

Suerte con su web! :)
Ana María

carmeloti dijo...

La vida como el café, siempre huelen mejor de lo que saben.