Amarula en mano, sin pucho ya. Lo dejé. Ahora me atraco con otras cosas. Pensamientos, por ejemplo.

Y mejor largar... mejor dejarlos salir... mejor evitar exceso de pensamientos. De pensar boludeces, por sobre todo. De pensar, bah.

Mi Diario Intimamente Publico.

Sos testigo de mi raye. Si lo creés necesario, sugerime un psiquiatra, que no me ofendo. Vamos viendo.


domingo

Eliana II: Observando a Rosaura.

Eliana era una persona sumamente observadora. No diremos que su cabeza se asemejaba a la de una calculadora, porque sería rotularla injustamente, pero no mentiríamos si dijésemos que no daba un paso sin antes pensarlo más de cien veces.
Ponía en la balanza los pro y las contras. Meditaba todas y cada una de las consecuencias que podían acaecer a partir de su determinación. Vacilaba, repensaba, analizaba, observaba y volvía a analizar. Su actitud era igual para todo, incluso para el amor. Su vida se mantenía en orden, en tanto y en cuanto ella considerase todos los pasos a dar. Se manejaba cual jugador de ajedrez profesional. Cuidando siempre de la reina, que obviamente era ella, movía peones y alfiles estratégicamente. No se preocupaba demasiado por el rey, ya que esa pieza aún no estaba definida en su tablero. Si había algo que Ely le envidiaba a Rosaura, era su capacidad de acción sin tanta reflexión. Su mejor amiga era una chica audaz, activa, decidida, espontánea. No menos estratega que ella, claro está, pero más lanzada, en el buen sentido de la palabra. Rosaura era parte de su vida desde hacía muchísimos años, de ella había aprendido mucho, a través del método de la observación y de la escucha. De algún modo Eliana la admiraba, la veía grande, avasallante, una mujer de la nueva era. Pero ahora Rosaura había bajado un peldaño, porque se había enamorado, y por ese amor, se olvidó de ella misma.
Desde chicas, Ros tenía el imán que atrae “chicos bien”. Salía con quines todas querían salir, conocía los lugares que todas querían conocer, viajaba a los sitios a los que todas querían viajar, recibía los regalos que todas querían recibir. No estaba en su currículum el haber sido abandonada, jamás pagaba una cuenta, nunca salía con alguien que no tuviese movilidad propia. Si no la llevaban a un buen restaurante, no habría segunda salida. Si el cine no estaba en los planes durante la semana, haría de cuenta que jamás lo conoció. Si a la tercera cita no recibía mínimo, un perfume importado, estaba totalmente descartado. Así se manejaba Ros, y no le había ido nada mal.
Claro que todos siempre, por algún lugar hacían agua, y pese a que le cumpliesen todos sus caprichos, algo les faltaba ya que nunca pasaban a la segunda ronda. La chica “sólo para entendidos” era la gloria para muchos caballeros que se desvivían por una noche en su compañía, por su teléfono, por su mail, por una mirada de sus hermosos y penetrantes ojos café. Así era la historia de Rosaura, el premio mayor. Pero esta niña se enamoró, ya les conté. Se enamoró y perdió. Dicen que las mejores mujeres se quedan con los peores hombres. El caballero en cuestión, no era inculto, ni desagradable a la vista, no era el típico muchacho “simpático”, aparentaba ser un hombre trabajador, de convicciones bien arraigadas, de valores fuertes, con metas, proyectos, ambiciones. Si bien no era del status social al que Ros estaba acostumbrada, estaba segura de que él era su media naranja.
Al principio, el caballero en cuestión no tenía ojos más que para ella. Su mundo era su amada, su interés mayor, mantenerla hechizada, contenta, cumplirle todos sus caprichos, ser su mejor amigo, su hombre, su compañero. Toda escoba nueva siempre barre bien. Hasta que se gasta, claro está. Y de a poquito se gastó, y la madera comenzó a barrer el piso y a rayar el parquet tan pulido y brilloso que en algún momento pareció ser eternamente impecable. Y para Ros, era tarde, porque se había enamorado.
Ahora era ella quién pagaba las salidas, si las había. Quién regalaba los perfumes, quién pagaba los viajes, quién avivaba el fuego.
Eliana era una chica observadora. Se mantenía alerta y expectante. Analizaba todos y cada uno de sus pasos. Y los ajenos. Dicen que la virtud mayor del buen observador está en alertar los movimientos ajenos para no caer en los mismos errores. Ahora Eliana sabía que en su proceso de filtrado, debía considerar no enamorarse en seguida. No quedarse con lo primero que ve en su futuro Romeo y ponerlo en el pedestal de San Valentín.
Debía andar con cuidado, esta vez, para no repetir la historia de Rosaura, su amiga, la chica que era “sólo para entendidos”, y que ahora había caído perdidamente en los brazos de un ocho cuarenta.

2 comentarios:

Floripondio. dijo...

Guauu me encanto!

Aparte Rosaura es un nombre que AMO y creo que lo sabes.

carmeloti dijo...

La historia del cazador cazado!!!

Pobre Rosaura, ella que era la mejor conductora suicida